1. De autor desconocido, anónimo.

    Reír es arriesgarse a parecer tonto.
    Llorar es arriesgarse a parecer sentimental.
    Hacer algo por alguien es arriesgarse a involucrarse.
    Expresar sentimientos es arriesgarse a mostrar tu verdadero yo.
    Exponer tus ideas y tus sueños es arriesgarse a perderlos.
    Amar es arriesgarse a no ser correspondido.
    Vivir es arriesgarse a morir.
    Esperar es arriesgarse a la desesperanza.
    Lanzarte es arriesgarse a fallar.
    Pero debemos correr el riesgo, porque el peligro más grande en la vida es no arriesgar nada.
    La persona que no arriesga, no hace ni tiene nada.
    Se pueden evitar sufrimientos y preocupaciones, pero no se puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar y vivir…
    Sólo la persona que se arriesga es libre.
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  2. Al igual que el anterior fragmento, extraído de ¿Águila o Sol? (por Octavio Paz), nos encontramos con otro trozo del libro con algo más de carisma. Hábil, sin duda.

    Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo, saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras [...]


    Al día siguiente empezaron mis penas. ¿Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto...
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  3. Entre prosa y poesía, nos encontramos este fragmento en el libro ¿Águila o Sol?, escrito por Octavio Paz, un grande de la literatura mexicana. 

    Hace años, con piedrecitas, basuras y yerbas, edifiqué Tilantlán. Recuerdo la muralla, las puertas amarillas con el signo digital, las calles estrechas y malolientes que habitaba una plabe ruidosa, el verde Palacio de Gobierno y la roja Casa de los Sacrificios, abierta como una palma, con sus cinco grandes templos y sus calzadas innumerables […] Sus moradores –astutos, ceremoniosos y coléricos- adoraban a las Manos, que los habían hecho, pero temían a los Pies, que podían destruirlos. Su teología, y los renovados sacrificios con que intentaron comprar el amor de las Primeras y asegurarse la benevolencia de los Últimos, no evitaron que una alegre mañana mi pie derecho los aplastara, con su historia, su aristocracia feroz, sus motines, su lenguaje sagrado, sus canciones populares y su teatro ritual. Y sus sacerdotes jamás sospecharon que Pies y Manos no eran sino las extremidades de un mismo dios
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  4. Extraído de El criticón, por Baltasar Gracián. Un fragmento para pensar.

    Admiráronse mucho, y con razón, oyendo tan paradojo sentir; mas desempeñose ella diciendo:


    -Mirad, los sabios son pocos, no hay cuatro en una ciudad; ¿qué digo cuatro?, ni dos en todo un reino. Los ignorantes son los muchos, los necios son los infinitos; y así, el que los tuviese a ellos de su parte, ese será señor de un mundo entero.
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  5. Pequeño fragmento de Steinbeck, del libro Ratones y hombres

    Los libros no son buenos. Uno se vuelve loco si no tiene a nadie. No importa quién es el otro, con tal de que esté con uno. Te digo que uno se ve tan solo que se pone enfermo.
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