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  1. De la novela La mujer justa, de Sándor Marai

    Ella todavía me quiere y nunca querrá a otro. No me guarda rencor porque entre personas que se han querido de verdad no puede haber nunca verdadero odio. Puede haber rabia o deseo de venganza; pero odio de verdad, ese odio tenaz y calculador que espera únicamente el momento de desencadenarse….no, eso es imposible. Ella sigue viva, puede que ya ni me espere. Está viva y muere lentamente. Muere de una forma educada, delicada, tranquila, burguesa. Muere porque no puede darle a su vida un sentido nuevo, porque no puede vivir con la sensación de no tener a nadie que la necesite, porque es imposible vivir sin la certeza de que en el mundo hay una persona para la que se es imprescindible

  2. Luis Rojas Marcos nos sorprende esta vez con este curioso fragmento (sacado de La fuerza del optimismo). Libro que alguna vez en la vida necesitamos leer. Allá va.

    Hace un par de años, en una tarde muy tormentosa del otoño neoyorquino, caminando a casa desde la universidad me encontré con una larga cola de esperanzados jugadores que aguardaban en la calle su turno para comprar un billete de lotería de la multimillonaria megaloto. Soportaba una lluvia torrencial salpicada de rayos y truenos delante de la pequeña tienda de la calle 35. Por curiosidad, me acerqué a una pareja que esperaba al final de la cola, divertidos y empapados bajo un diminuto paraguas, y les pregunté amablemente si sabían que la probabilidad estadística de que les tocara el gordo era menor que la de que les cayera un rayo.

  3. Sacado de Crimen y castigo, una de las muchas obras de Dostoyevski, este fragmento nos enseña a apreciar lo que es, o no es, la vida.

    ¿Dónde he leído lo que decía o pensaba un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir!